
Al abrir el local técnico después de unos días de ausencia, el olor es muy fuerte y la prueba colorimétrica se torna de un violeta oscuro. Se establece el diagnóstico: demasiado lejía en la piscina. Esta situación ocurre más a menudo de lo que se cree, especialmente cuando se vierte la lejía directamente en el skimmer sin medir la concentración real del agua. Las consecuencias afectan tanto a los bañistas, como al material y al equilibrio químico de la piscina.
Lejía y cloro libre: por qué el pH lo cambia todo en el sobredosis
El agua de lejía (hipoclorito de sodio) libera cloro activo al contacto con el agua. Su eficacia depende directamente del pH. Cuando se sobredosa la lejía, el pH a menudo sube por encima de 8, a veces más.
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A este nivel, el cloro activo pierde gran parte de su poder desinfectante. Nos encontramos con un alto nivel de cloro total, pero un cloro libre realmente biocida muy bajo. El agua huele fuerte, las tiras indican un exceso, y sin embargo la desinfección es mediocre.
Es una trampa común: se añade más lejía pensando que se ha dosificado mal, cuando el problema proviene del pH. Antes de corregir un sobredosis, medir el pH y el cloro libre simultáneamente ayuda a evitar un exceso de productos químicos. Comprender los riesgos relacionados con el sobredosis de lejía ayuda a establecer el diagnóstico correcto antes de intervenir.
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Otro punto que las devoluciones de campo confirman: la lejía comercial (concentraciones variables según los bidones) no tiene el mismo contenido de cloro activo que un hipoclorito de calcio o un cloro estabilizado en tabletas. Dosificar “a ojo” sin conocer la concentración del producto es la principal causa de sobredosis en las piscinas privadas.

Síntomas del sobredosis de lejía en los bañistas
Los primeros signos suelen aparecer durante o justo después del baño. A veces se confunden con una simple sensibilidad cutánea, pero su combinación debe alertar.
Reacciones cutáneas y oculares
La piel se enrojece, tira, a veces pica. Los ojos pican incluso con gafas de natación, ya que las cloraminas (subproductos del cloro combinado con materia orgánica) irritan las mucosas. En los niños y las personas con piel sensible, las rojeces pueden persistir varias horas después de salir del agua.
Vías respiratorias: el riesgo subestimado
Sobre una piscina sobredosificada, los vapores de cloro se estancan en la superficie, especialmente cuando el agua está caliente o la piscina está cubierta. Se respira entonces dicloro gaseoso y tricloroaminas.
El Centro Antipoisons belga informa que estas exposiciones agudas a los vapores de cloro pueden provocar broncoespasmos y edemas pulmonares retardados. La recomendación es clara: una vigilancia médica de al menos 24 horas después de una inhalación importante, incluso si la molestia respiratoria inicial parece leve.
Los niños, los asmáticos y las personas mayores presentan un riesgo aumentado. Si alguien tose de forma persistente, siente opresión en el pecho o dificultad para respirar después de un baño, se debe sacar inmediatamente a la persona de la zona de la piscina y llamar al centro de toxicología o al 15.
Daños en el material y el liner de la piscina
El sobredosis de lejía no solo afecta a los nadadores. La piscina misma también sufre.
- El liner de PVC se decolora en parches y pierde flexibilidad, lo que acelera su envejecimiento y favorece microfisuras en las soldaduras.
- Las juntas de cerámica, los skimmers y las piezas de plástico (tapas de boquilla, cestas) se blanquean y se vuelven quebradizas tras exposiciones repetidas.
- La bomba y el filtro de arena ven sus elementos metálicos (tornillos, resortes, juntas) corroerse más rápido cuando el nivel de cloro se mantiene alto durante varios días.
Un sobredosis puntual deja pocas huellas, pero episodios repetidos reducen la vida útil del liner varias temporadas. En las piscinas con cubierta enrollable sumergida, las lamas de policarbonato se opacan y se debilitan por efecto del cloro concentrado.

Corregir un exceso de cloro en la piscina: protocolo de campo
No se debe bañar hasta que el nivel de cloro libre no haya bajado a la franja recomendada. Aquí está el procedimiento concreto a seguir.
Dilución y aireación
La primera acción, la más simple, consiste en detener cualquier adición de producto clorado y hacer funcionar la filtración de forma continua. Si la piscina lo permite, se debe drenar parcialmente (un cuarto a un tercio del volumen) y completar con agua nueva. La exposición a los UV del sol degrada naturalmente el cloro libre, siempre que el agua no contenga demasiado estabilizante (ácido cianúrico).
Neutralizante químico: tiosulfato de sodio
Cuando la dilución no es suficiente o la piscina está cubierta, el tiosulfato de sodio neutraliza el cloro en exceso. Se dosifica progresivamente, volviendo a probar el agua cada hora, ya que un sobredosis de neutralizante haría caer el cloro a cero y dejaría la piscina sin protección.
Depende de la instalación: en una pequeña piscina elevada, la dilución sola puede ser suficiente en pocas horas. En una piscina de más de 50 m³ con un nivel de estabilizante alto, el tiosulfato se vuelve casi indispensable para bajar en plazos razonables.
Verificación antes de bañarse
- Cloro libre reducido dentro del rango recomendado por el fabricante del producto de tratamiento.
- pH corregido si la lejía lo ha elevado (puede ser necesario un corrector de pH menos).
- Ausencia de olor fuerte cerca del agua, señal de que las cloraminas han disminuido.
Gestos de emergencia en caso de ingestión o inhalación de cloro
Un niño que ingiere varios tragos de agua altamente clorada o una persona expuesta a vapores concentrados requieren atención rápida.
La Sociedad Francesa de Medicina de Urgencia (SFMU) desaconseja firmemente la administración de bebidas llamadas “neutralizantes” como la leche, el vinagre o el bicarbonato. Estas mezclas pueden agravar las lesiones cáusticas o provocar una liberación de gas en el estómago. La recomendación actual se limita al enjuague bucal y a una evaluación médica rápida.
Se llama al centro de toxicología (número disponible 24/7) o al 15 para describir la situación. No se induce el vómito. Se retira a la persona de la zona de exposición y se la coloca en un lugar tranquilo, al aire libre.
Desde la pandemia de Covid-19, los centros de toxicología franceses y belgas han informado un aumento de las llamadas relacionadas con exposiciones accidentales al agua de lejía y desinfectantes clorados, en parte debido a un uso inapropiado en piscinas privadas. Esta constatación refuerza la utilidad de una dosificación rigurosa y un almacenamiento separado de los productos químicos, lejos de los niños y de fuentes de calor.